Se suponía que iba a ser un día divertido para Albie, un niño de cuatro años de Warwickshire (Reino Unido). Le acababan de dar un helado de fresa durante una visita a la bolera local. Poco sabían sus padres, Beth Green y Fred Pegg, que este capricho pronto se convertiría en una pesadilla.
Mientras Albie y su amigo disfrutaban de su helado, todo parecía ir bien. Pero una hora más tarde, el comportamiento de Albie cambió radicalmente. Beth recuerda que su hijo pasó de «feliz a inquieto y cansado en un abrir y cerrar de ojos». Lo llevaron al hospital porque Albie había perdido el conocimiento.
El trayecto hasta el hospital fue un torbellino para Beth y Fred, que fueron testigos del empeoramiento del estado de su hijo. El personal médico luchaba por estabilizar a Albie mientras su corazón latía cada vez más débil. Beth describió estos momentos como angustiosos mientras esperaban, rezando por la recuperación de Albie.
Tras tres largos días en el hospital, Albie mejoró.
El glicerol, un ingrediente utilizado habitualmente en los refrescos en el Reino Unido, plantea riesgos importantes para los niños pequeños. Al tratarse de una bebida tan extendida y fácil de conseguir, su consumo excesivo puede provocar síntomas graves como shock, hipoglucemia y pérdida de conocimiento.