En 2012, Aimee Copeland, de 24 años, era estudiante de posgrado en la Universidad de Georgia.
Ese año, decidió pasar algo de tiempo libre con sus amigos, disfrutando de las últimas semanas antes de graduarse.
Un día, decidieron hacer una excursión a un pequeño lago, donde podrían lanzarse en tirolina sobre el agua. El grupo de aventureros quiso probarlo de inmediato.
Lo que Aimee no podía saber era que ese momento cambiaría su vida para siempre. Una tirolina consiste en un cable largo y tenso que se eleva en el aire y ofrece una vista impresionante desde abajo. Por regla general, esta actividad es inofensiva.
Pero cuando llegó el turno de Aimee, algo salió completamente mal. El cable se rompió de repente y Aimee cayó hacia un acantilado… y perdió la pierna ese mismo día.
Aimee fue trasladada al hospital, pero la tragedia no terminó ahí.
Los médicos descubrieron que la situación era mucho peor. Una bacteria carnívora había infectado la herida y la joven de 24 años corría peligro de muerte.
Tras 11 operaciones y una difícil rehabilitación, Aimee consiguió salir adelante afortunadamente, pero tuvieron que amputarle las dos manos y las dos piernas.
Qué mujer tan fuerte y valiente eres, Aimee.