En un mundo en el que las apariencias suelen dictar las primeras impresiones, es fácil hacer suposiciones sobre las personas basándose en su aspecto. Pero a veces, las historias más importantes se esconden bajo la superficie.
Richard Huff, de 51 años y padre de cinco hijos, lo sabe mejor que nadie. Con más de 240 tatuajes que cubren el 85% de su cuerpo, se ha convertido en objeto de duros juicios por parte de extraños que sólo ven tinta y toman decisiones precipitadas sobre su carácter. Suponen lo peor y le tachan de padre terrible sin saber nunca la verdad.
El viaje de Richard hacia el mundo de los tatuajes comenzó como una forma personal de autoexpresión, una manera de llevar con orgullo su individualidad en la piel. Lo que empezó como unas cuantas obras de arte significativas evolucionó hasta convertirse en un lienzo de cuerpo entero, a medida que se fascinaba con la belleza del oficio.
Con los años, su pasión se convirtió en adicción, y ahora su cuerpo está casi totalmente tatuado. En Internet, las reacciones han sido implacables. Los desconocidos, rápidos a la hora de juzgar, le han ridiculizado, llamándole «padre terrible» simplemente por su aspecto. Sus tatuajes -especialmente los de la cara- parecen dar a la gente licencia para hacer suposiciones injustas sobre sus habilidades como padre y sus elecciones vitales. Pero la verdad sobre Richard Huff dista mucho de lo que imaginan sus críticos.