En una noche muy fría, un hombre rico se encontró con un anciano sin hogar a la puerta de su casa

HÍRESSÉGEK

Cumplir o no las promesas que hacemos a los demás habla de la clase de personas que somos. Por desgracia, a veces ocurre que no cumplimos lo que prometemos y, aunque a nosotros no nos parezca gran cosa, puede romper el corazón de alguien y hacerle perder la fe en la humanidad.La siguiente historia es un ejemplo de que nunca debemos hacer una promesa a menos que estemos 100% seguros de poder cumplirla.
Un día, un hombre rico vio a un anciano sin hogar sentado en el frío. Le dio pena y decidió acercarse a él.
«Veo que no tiene abrigo de invierno, ¿no tendrá frío?». El anciano le miró fijamente durante un rato y luego contestó: «No tengo, pero estoy acostumbrado». El hombre rico, sorprendido y entristecido por la respuesta que recibió, le dijo al vagabundo: «¡Espérame! Ahora voy a mi casa y te voy a traer un abrigo grueso para que no pases frío por la noche».
El anciano estaba encantado. No podía creer que alguien hubiera encontrado tiempo para hacer una buena obra por él.
El hombre había muerto, y eso destrozó el mundo del rico.
Esta historia es otro recordatorio de que nuestras promesas deben ser sagradas y nunca debemos romperlas porque pueden significar el mundo para los necesitados.

 

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