Los suelos crujían y se hundían por momentos, las paredes estaban empapeladas. En el baño, los azulejos estaban agrietados, las tuberías oxidadas y la cocina parecía no haber sido tocada en décadas. Sin embargo, la pareja no tuvo miedo.
Decidieron convertir esta devastación en un hogar elegante y acogedor. Lo primero que hizo la joven pareja fue trazar un plano. Querían que el piso pareciera espacioso, luminoso y moderno. Para ello, decidieron decorar el interior con colores claros y elementos minimalistas. Empezaron la obra con un desmontaje completo.
Junto con unos amigos, quitaron el viejo papel pintado y arrancaron los suelos. Después de limpiar las paredes, las nivelaron y pintaron de blanco. En una de las paredes del salón, hicieron un revestimiento decorativo de hormigón para añadir un acento. También refrescaron los techos con pintura blanca y añadieron iluminación empotrada en el dormitorio. En lugar del antiguo parquet, lo sustituyeron por suelo laminado de color roble claro, que realza visualmente el espacio.
En la cocina colocaron unos lacónicos armarios blancos con frentes lisos. Para contrastar, eligieron una encimera gris y tiradores metálicos negros. Los electrodomésticos se empotraron para que todo tuviera un aspecto unificado. El cuarto de baño se alicató en color marfil. Instalaron un gran panel de espejo iluminado y un armario colgante para guardar cosas pequeñas. Unos meses después, el piso estaba transformado. Las paredes claras y el espacio abierto lo llenaron de aire y luz.