Uno podría pensar que elegir vivir como ermitaño es algo del pasado, una moda anticuada de los monjes medievales que buscaban la iluminación. Pero no, no es así en absoluto.
De hecho, aún hoy muchas personas optan por aislarse completamente del mundo moderno.
¿Por qué? Bueno, a menudo es una búsqueda de simplicidad, paz interior o quizá un intento de liberarse de las presiones de la sociedad, como mi tío Enrico.
Su vida cambió radicalmente a los 23 años, cuando le echaron de casa sin motivo aparente. Desde entonces, decidió dejarlo todo y vivir solo, rodeado únicamente de sus ovejas.
Hay algo mágico en su estilo de vida. Este hombre se ha desconectado por completo de la sociedad moderna: sin televisión, sin teléfono, sin Internet.
Sus días se definen por las simples necesidades de la vida: come los alimentos que cultiva y el queso que le dan sus ovejas.
Tengo que admitir que cuando oí hablar de él por primera vez, me costó entender por qué alguien elegiría vivir así. Pero cuanto más lo pienso, más creo que Flaminio puede haberse dado cuenta de algo que los habitantes de las ciudades hemos olvidado.
La soledad no significa necesariamente tristeza o depresión. Para él, es una elección, un camino hacia una vida más auténtica.
«A veces por la noche me siento un poco solo… quizá un poco triste», dice en el documental. «Pero por la mañana, cuando veo a mis ovejas, me siento mejor».