Hacía tiempo que una joven pareja soñaba con tener su propia casa, y por fin consiguieron comprar un piso en las afueras de la ciudad. Su principal ventaja: ventanas orientadas a distintos lados, lo que permite disfrutar tanto de los amaneceres como de las puestas de sol. Sin embargo, el piso estaba en pésimas condiciones, y la pareja decidió repararlo con sus propias manos: el resultado le sorprenderá.
Aunque el piso necesitaba reformas, la ubicación fue el factor decisivo.
Todos los cambios en el interior los desarrolló y ejecutó la pareja por su cuenta. A la chica le gustaba tanto el diseño que, una vez terminada la reforma, se matriculó en un curso de diseño de interiores.
El vestíbulo está decorado con colores suaves. Las paredes están empapeladas con motivos geométricos, y el suelo es de linóleo estilizado como tablones de madera. A la derecha de la entrada hay un práctico sistema de almacenaje.
La puerta del salón no se ha puesto para que entre más luz en el pasillo. En el suelo hay un acogedor suelo laminado, y las paredes están decoradas con papel pintado.
Hay una zona para sentarse junto a la ventana.
La cocina está hecha en tonos claros y acogedores. El linóleo del suelo hace eco de los materiales del vestíbulo. El juego de cocina combina elementos de madera y brillantes, y el delantal está decorado con azulejos multicolores.
Hay un rincón comedor junto a la ventana, donde la pareja suele desayunar.
Para el cuarto de baño, optaron por una solución práctica: combinaron la bañera y el inodoro, ampliando ligeramente la estancia para alojar la lavadora.