Nancy miraba los últimos restos del funeral de su marido. No podía creer que Patrick se hubiera ido. Había muerto en un accidente de coche. Había pasado una semana, pero aún podía sentirlo a su alrededor. ¿Cómo podía estar muerto?
Nancy se hundió en el asiento del conductor cuando sus ojos se posaron en el GPS. Fue entonces cuando se dio cuenta. A Patrick se le daban fatal las indicaciones y siempre utilizaba el navegador. Si alguna vez había visitado la casa de su amante, allí encontraría su dirección.
Nancy fue directamente a los destinos recientes en el navegador. La lista no era larga, la mayoría eran lugares conocidos: restaurantes locales, la ferretería y la oficina de Patrick. Pero entonces, una dirección le llamó la atención: aparecía con más frecuencia que otras y no la reconoció.
Pero Catherine sonrió y dijo: «Nada cambia lo que siento por ti, mamá. Tú me criaste. Estuviste ahí para cada rodilla raspada, cada fiebre, cada angustia. Eres mi madre en todo lo que cuenta».
Nancy lloró en silencio y abrazó a su hija. Las palabras de Catherine no sólo habían aliviado su corazón, sino que también le habían hecho creer que Emma y Patrick la habían perdonado.

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