Hace poco, mis amigos y yo nos encontramos con una vieja cocina de gas que alguien había tirado a un vertedero. Obviamente, ya no funcionaba, pero en lugar de dejarlo pasar, pensamos: ¿y si todavía pudiera ser útil?
La solución no tardó en llegar: nos llevamos la cocina y nos preparamos para un trabajo interesante. En casa la inspeccionamos y empezamos la remodelación.
Primero serramos la parte superior del quemador y luego cortamos un agujero rectangular en el horno para la salida de humos. Ese fue el final de las modificaciones – parecía un mínimo de cambios, pero el resultado nos sorprendió gratamente.
Resultó que este aparato cumple perfectamente con sus nuevas tareas. El agua hierve mucho más rápido que en un fuego convencional, y el diseño permite colocar cómodamente varios recipientes.
Además, el hornillo resultó ser una excelente barbacoa: ¡la carne se asa muy bien en él!
Así que, en lugar de trastos inútiles, ahora tenemos un aparato cómodo y eficaz para recrearnos en la naturaleza. Las cosas viejas a veces pueden resultar mucho más útiles de lo que parece a primera vista.