Durante 70 años, esta taza permaneció en un museo hasta que un miembro del personal se dio cuenta de que tenía un doble fondo

POZITÍV

Los lúgubres muros de campos de concentración como Auschwitz, Dachau y Buchenwald guardan miles de historias jamás contadas. En ellos, millones de personas encontraron su trágico destino.
Se les dijo que les esperaba un reasentamiento, una oportunidad para empezar de nuevo. Pero en lugar de eso, les esperaba la cruel realidad: tortura, hambre, cámaras de gas.Las pertenencias personales de los prisioneros no tenían cabida en este infierno. Todo lo que llevaban consigo se lo llevaban inmediatamente. Sin embargo, había algunos desesperados e ingeniosos que se aferraban a una pizca de esperanza.
Escondían joyas, dinero, cartas, cualquier cosa que les recordara su vida anterior. Tal vez creían que algún día se liberarían y entonces esas cosas les ayudarían a empezar de nuevo.Una de esas reliquias era una simple taza de metal que permaneció en el museo de Auschwitz durante décadas.
Sólo recientemente, después de 70 años, la taza reveló su historia. Su parte inferior se había podrido, dejando al descubierto un compartimento secreto. Dentro había un anillo de oro y una delicada cadena.
¿Quién fue el hombre que escondió las joyas? ¿Cómo vivía? Tal vez sostenía la taza entre sus manos debilitadas, susurrándose a sí mismo que saldría de allí. Tal vez el anillo le recordaba a su familia, a su amada, lejos, detrás de la alambrada.
Pero no hubo milagro. El hombre que poseía la taza nunca pudo llevarse consigo su esperanza. Ahora su secreto ha salido a la luz.

Rate article