Vladimir siempre soñó con construir algo especial: una casa que no sólo fuera acogedora, sino asombrosa e inigualable.
Sin embargo, su idea requería una paciencia increíble y un trabajo minucioso. Tardó 10 años en hacer realidad su sueño, y ahora su creación asombra a todo el que la ve.
El principal material de construcción fueron las botellas de champán, ¡hasta 8.000! Encontrarlas se convirtió en toda una aventura.
Vladimir recogió cuidadosamente las botellas en distintos lugares: en restaurantes, en bulevares, cerca de los contenedores de basura e incluso en los vertederos de la ciudad.
Prestaba atención a la calidad del vidrio y apreciaba especialmente los productos de los productores locales, porque sus botellas se caracterizaban por un grosor y una resistencia especiales.
Años más tarde, apareció en su finca una sorprendente casa con un amplio balcón y un cuidado anexo.
A pesar de la fragilidad del material original, la construcción resultó fiable y duradera. Vladimir asegura que sus paredes de cristal resisten incluso fuertes golpes y cambios bruscos de temperatura.
Pero lo más sorprendente es el ambiente que se respira en el interior. En verano siempre hace fresco aquí, como en una mazmorra, y en invierno, en contra de lo esperado, es cálido y confortable.
Incluso sin calefacción, las plantas de los alféizares no se congelan y el aire se mantiene fresco. Tal vez la estructura especial de las paredes de cristal cree un efecto natural de termorregulación.