Siempre me gusta que mis paños de cocina estén impecablemente limpios y blancos.
Para que mis toallas recuperen su aspecto blanco como la nieve, sólo necesito dos ingredientes: agua caliente y sal.
Por cada litro de agua añadí una cucharada de sal, y para potenciar el efecto, al final del procedimiento añadí ligeramente una cucharada de detergente en polvo.
Dejé las toallas en agua salada durante toda la noche, pero, en principio, podrías limitarte a unas pocas horas. Después, las aclaré bien para eliminar cualquier resto de sal y las lavé en la lavadora.
Entonces, ¿cómo hace la sal todo esto posible? ¿Cuál es el secreto?
1. La sal es un conservante. Tiene la capacidad única de detener el crecimiento bacteriano, por eso se añade a las fórmulas caseras que combaten los hongos y el moho.
2. Propiedades abrasivas. Gracias a su estructura, la sal se convierte en un excelente sustituto de los polvos de limpieza. Sus granos limpian suavemente el tejido, eliminando la suciedad sin dañarlo.
3. adsorción. La sal también tiene la capacidad de absorber la humedad, lo que la convierte en un eficaz quitamanchas. Si derramas algo sobre el mantel o la tela, lo mejor es espolvorear sal sobre la mancha de inmediato: ayudará a absorber el exceso de líquido sin dejar residuos.
Además, siempre intento utilizar limpiadores de suelos ecológicos, evitando los productos químicos fuertes.