Mateo Blanco se ha gastado más de 300.000 dólares en más de 20 operaciones de cirugía estética. Su decisión de cambiar hasta quedar irreconocible ha sido objeto no sólo de admiración, sino también de un intenso debate.
Cuando Mateo comunicó por primera vez a su madre que había decidido transformar por completo su aspecto, ella no pudo contener la emoción.
Sorprendida por la magnitud de los cambios, no podía creer lo que estaba ocurriendo y durante días no pudo volver en sí. Su transformación fue un verdadero shock para ella.
Cuando las fotos de Mateo, antes y después de la operación, aparecieron en Internet, la gente no pudo permanecer indiferente: algunos expresaron su conmoción, otros se solidarizaron con su madre, que, en su opinión, había pasado por una dura prueba.
Las opiniones de los internautas sobre el aspecto de Mateo estaban divididas.
Algunos respetaban su deseo de ser quien quiere ser, mientras que otros le criticaban por sus excesivos cambios y se preguntaban si tenía problemas mentales.
El debate continuó, porque para muchos Mateo se convirtió no sólo en un hombre, sino en la encarnación de un complejo problema de la sociedad moderna, donde la apariencia es a menudo la clave del éxito.
Como resultado, su historia se convirtió en una ocasión para reflexionar sobre el derecho al cambio personal, sobre la influencia de las normas sociales en la percepción humana y, quizás, sobre las consecuencias de decisiones tan radicales.