No habíamos renovado nuestro baño en años, y como se acercaba el cumpleaños de mi madre, decidimos hacerle este regalo especial.
Como somos muchos en la familia, tener un inodoro separado nos parecía muy práctico.
La fontanería estaba muy deteriorada y los azulejos habían perdido su brillo hace tiempo.
Primero instalamos un calentador de agua, que ocupaba mucho espacio.
Para compensar la pérdida de espacio, optamos por un inodoro suspendido, que aportó una sensación de mayor amplitud.
También sustituimos el lavabo por un modelo compacto para que el espacio fuera más funcional.
Ocultamos el calentador de agua detrás de muebles para que la habitación se viera más ordenada.
Sobre el lavabo instalamos un espejo grande, lo que hizo que el espacio pareciera más amplio.
Para las paredes elegimos azulejos beige elegantes con motivos marrones oscuros.
Para completar esta gama de colores, elegimos una puerta beige.
El resultado final fue realmente impresionante, y a mi madre le encantó este regalo.


