Alexis Brett, de la ciudad escocesa de Aberdeen, está desde hace mucho tiempo acostumbrada al ruido constante, a las risas fuertes, a las peleas por los juguetes y a las lavadoras sin fin.

Se levanta cada día a las cinco y media de la mañana para intentar adelantarse un poco al inevitable alboroto que comienza cuando sus hijos se despiertan. Y son once. Todos, excepto el último, son varones.
Antes, Alexis trabajaba como enfermera en un hospital local. Le encantaba su trabajo, pero con el nacimiento de sus hijos tuvo que tomar una baja por maternidad que se volvió permanente con el tiempo.
Durante dieciséis años, casi no conoció el silencio ni la soledad – su vida giraba en torno a pañales, reuniones escolares, cocina y limpieza.
A pesar del cansancio y las noches sin dormir, Alexis se esforzaba por mantener una actitud positiva. Había días en los que solo soñaba con encerrarse en el baño para disfrutar del silencio.
Pero todo eso se compensaba con las sonrisas de sus hijos, sus abrazos y sus emocionados relatos del día.
En el fondo, tenía un sueño – tener una hija. Después del décimo niño, casi había perdido la esperanza, pero ocurrió un milagro.
A los 39 años, Alexis dio a luz a su tan esperada hija. Ella y su esposo estaban encantados – por fin había llegado una pequeña princesa a casa.
Ahora que su sueño se ha hecho realidad, la pareja tomó una decisión definitiva: no tener más hijos.

