Cuando nació el hijo de mi amiga, su abuela le trajo un regalo — unas tijeras viejas, algo desgastadas. Pero no eran unas tijeras comunes: tenían cuatro agujeros para los dedos y la palabra “LEFTY” grabada en la hoja. Estuvimos un buen rato mirándolas, tratando de entender su propósito.
“¿Será algo médico?” — pregunté mientras las giraba entre las manos. “¿O tal vez son para coser con la mano izquierda?” Pensamos en todas las posibilidades, pero ninguna parecía encajar.
Decidí investigar más a fondo. Tras algunas búsquedas, un viejo foro y unos cuantos folletos publicitarios antiguos, al fin descubrí el misterio: eran tijeras de aprendizaje para niños.
Estas tijeras fueron diseñadas para que un adulto pudiera ayudar al niño a aprender a cortar. El niño coloca sus dedos en un par de agujeros y el adulto en el otro, moviendo las tijeras juntos.
Me quedé bastante sorprendida. Nunca había oído hablar de algo así. Pero cuanto más pensaba en ello, más adorable me parecía la idea. En esas tijeras no hay solo metal y plástico, hay cariño, paciencia y ternura.
Tal vez la abuela no regaló solo una herramienta, sino un pequeño puente entre generaciones — para que la madre y el niño den juntos sus primeros pasos, literalmente “mano a mano”.
Ahora esas tijeras tan curiosas descansan en una estantería en casa de mi amiga, como símbolo del vínculo familiar. Y algún día, cuando su hijo crezca, seguro que las usarán. Juntos.


