El asiento de la silla era totalmente inutilizable, solo el aro parecía recuperable.

Lo reparé con cola blanca y añadí algunos tornillos para hacerlo más resistente.
Remodelé el aro del asiento con una amoladora, ya que los bordes no encajaban perfectamente.
Preparé un nuevo asiento con una fresadora.
Lo fijé al aro con clavos y cola.
Tapé el agujero central con una varilla de madera que luego corté al ras.
Primero pinté la silla con un pincel, pero como el resultado no fue el esperado, opté por una pistola de pintura.
Cubrí el asiento con espuma y tela de saco de café.
Grapé bien la tela asegurándome de que quedara tensa, y luego reforcé con clavos decorativos.
Para ocultar las fijaciones, enrollé cuerda alrededor de las patas.
La renovación llevó bastante tiempo, pero valió la pena.
Lo que más me alegró fue darle una segunda vida a un objeto olvidado, aportándole un toque personal y único.

